Sergio Víctor Palma ofrendó su cinturón de campeón mundial al pueblo de La Tigra
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En un acto celebrado frente al municipio, el ex campeón del mundo Sergio Víctor Palma dejó su legado logrado arriba del ring que lo consagró como el mejor del mundo de los supergallos en 1980, en un gesto de desprendimiento y como una devolución del afecto de su gente que lo rotula como “nuestro campeón”.
En diálogo con NORTE, el ex campeón del mundo dijo que “las cosas tienen el valor que se les otorga. Por eso, si a la gente de La Tigra le es importante este cinturón, es un placer poder depositarlo acá, para que las generaciones presentes y futuras vean que desde este pequeño lugar puede salir un campeón”.
Palma, un hombre sencillo y totalmente desapegado de lo material, vive cada día como si fuera el último: “Disfruto cada cosa, cada bocanada de aire; todo lo que Dios me ofrece cada día. Porque nada trajimos y nada llevaremos, de eso estoy seguro, y el tiempo que me quede lo viviré así”.
Palma fue agasajado por su localidad, que se emocionó al verlo y no sale de su asombro por esta muestra de afecto demostrada con la entrega del cinto y la exposición --además-- de las cinco tapas de una revista deportiva (El Gráfico) que atestiguan momentos de su carrera boxística.
El intendente Sergio Paszko, que lo recibió en su domicilio, dijo que “es una emoción y un ejemplo para todos, porque es nuestro campeón del mundo y sigue teniendo la sencillez del hombre de pueblo, nosotros no tenemos palabras para agradecer este gesto que tiene con el pueblo de La Tigra de dejarnos ese cinturón, que es la muestra de un ejemplo para nuestros jóvenes, de lo que se logra con esfuerzo y trabajo”, dijo.
El vecino Esteban Kasibrodiuk precisó que “Palma es todo un orgullo para nosotros. Yo lo conozco desde hace muchos años y él nunca cambió, nunca mostró siquiera un mínimo de soberbia. Creo que es un hombre ejemplar en todos los sentidos: como deportista y como ser humano, porque nunca se olvidó de La Tigra ni de su origen. Esto es lo que más valor tiene, y ahoya viene y nos regala ese cinturón, que pocos en el mundo pueden decir que lo han logrado”.
Luego del agasajo y los breves discursos, cuando se descubrió su legado, Palma --acompañado de amigos como Oscar Andreatta y Carlos Gabriel Salazar, también campeón-- se quebró emocionado al decir: “El 1 de enero de 1956 Dios me trajo en la palma de su mano, y así como Jesús nació en un pesebre, un establo, donde comían los animales, yo también nací en la pobreza y sobre una bolsa de arpillera”, confundiéndose en las lágrimas de la gente, que no cesó de aplaudirlo y vivarlo como el campeón.
Salazar dijo que “es un ejemplo para mí, tanto sobre el ring donde lo admiré, como debajo del ring, donde también lo admiro y más todavía por ser una persona que nunca se olvidó de quién era ni tampoco el estar en lo alto le modificó su ser. Siempre fue un tipo con alma de pueblo, espíritu de campeón y conducta de caballero”.
Lunes, 21 de diciembre del 2009
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